En leer este primer capitulo otra vez, terminé sintiendo que la teoría que presenta Freire frente al papel del los opresores y oprimidos en la búsqueda de libertad es muy idealista, aun a veces irrazonable. Tener tanta fe, en la habilidad de solo un grupo de personas (los oprimidos y sus camaradas) cambiar la realidad de nuestro mundo lleno de opresión y desequilibrio me parece ingenuo. Pero, no se, de pronto estoy siendo pesimista. Entonces me puse leer las “primeras palabras” del libro con la intención de buscar, quizás, algunas explicaciones o clarificaciones de la teoría que Freire presenta, e interesantemente encontré esto. En la última pagina de las primeras palabras, Freire dice lo siguiente:
…[Los radicales] no teme enfrentar, no teme escuchar, no teme el descubrimiento del mundo. No teme el encuentro con el pueblo. No teme el dialogo con el, de lo que resulta en saber cada vez mejor de ambos. No se siente dueño del tiempo, ni dueño de los hombres, ni liberador de los oprimidos. Se compromete con ellos, en el tiempo, para luchar con ellos por la liberación de ambos.
Si como afirmáramos, la sectorización es lo propio del reaccionario, la radicalización es lo propio del revolucionario. De ahí que la pedagogía del oprimido, que implica una tarea radical, y cuyas líneas introductorias intentamos presentar en este ensayo, implica también que la lectura misma de este libro no pueda ser desarrollada por sectarios.
Bueno, esto me lleva a dos preguntas:
Uno: ¿La idea que solo los oprimidos pueden afectar cambios verdaderos en la sociedad es demasiado idealista?
Y Dos: ¿Tenemos que ser radicales para llevar a cabo la pedegogia del oprimido Y hay peligro en ser demasiado radical…o mas bien, es posible ser radical sin volverse sectario?